"Una palabra guarda el eco silencioso del sentido que la vida aun no puede explicar."
Solo tu
Llegan preguntas a mi mente como aves inquietas.Me descubro pensando en la existencia, en los caminos que el destino insiste en ponernos delante, como si aún lleváramos la memoria de cuando éramos solo instinto, animales que luchaban por lo mínimo: un aliento más, un día más.Y me pregunto: ¿dónde reside el verdadero sentido de vivir?
Sobrevivimos. Tenemos lo esencial. Esperamos un mañana incierto, y mientras tanto el tiempo se escurre, invisible, como agua entre los dedos. Lo tratamos como eterno, como si siempre jugara a nuestro favor.
Yo, sin embargo, lucho por reencontrarme. Me mantengo de pie en esta selva que arranca sueños y roba esperanzas. Me resisto a lo heredado, a lo imposible de evadir, pero entre la rutina que me arrastra busco atajos, refugios que devuelvan fuerza a mis pasos.
El refugio más grande me lleva a ti, a ese mundo que hemos construido juntos, donde la realidad se vuelve lejana y nuestras almas se funden en una sola. Allí renazco, descanso y sueño. Allí puedo dar el amor que nace desde lo más profundo de mi ser, sin barreras, sin miedo. Es ese espacio donde la vida cobra sentido, donde los vendavales que amenazan con arrebatarme lo poco que he conquistado no tienen poder.
Lucho con mi pasado, con las cicatrices que dejaron miedos y temores que a veces no me permiten volar. Los abrazo, agradecida, por haberme mantenido a salvo cuando el peligro acechaba, y los enfrento cuando me dan el aliento para ofrecerte lo mejor de mí: para esperarte, entenderte, amarte con libertad.
Es en esos momentos que siento la vida verdadera: cuando los pequeños instantes invaden mi corazón y me demuestran que todo vale la pena. Cuando mi alma grita, cuando mi corazón pide alimento, cuando la vida reclama sentido. Tomo lo que me das como un tesoro hallado en un atajo del camino, algo que llena, que impulsa, que me hace seguir.
La libertad que siento al entregarte mi todo es abrir un portal hacia un universo desconocido, donde los miedos se disipan y tu presencia se convierte en felicidad. Allí lucho con todas mis fuerzas cuando debo abandonar ese rincón sagrado, donde mi alma quisiera quedarse para siempre. Y al salir de tu universo, mis escritos se convierten en refugio. Ellos gritan lo que mi voz calla, son escudo y abrigo, y me enseñan a amar a la distancia con libertad, silencio y entendimiento.
Aunque a veces mi cuerpo hable y mis actos digan más de lo que puedo expresar, contigo aprendo a entregarte lo mejor de mí. Mis palabras y mis escritos son el hilo que une mi corazón al tuyo, la forma de mantener viva la intensidad del amor y la esperanza que inspiras en mí. M.F.

